David Marcelino Gallegos Morales
A0109019
Profesor: Lic. Ramón Ponce Domínguez
23 de febrero del 2010

Una idea errónea que se tiene acerca de la consultoría es que los consultores deben contratarse para que dirijan organizaciones o adopten decisiones delicadas en nombre de la dirección. Esto está totalmente alejado de la realidad, debido a que los consultores son asesores y no tienen ninguna facultad directa para decidir cambios y aplicarlos.
La consultoría es un servicio independiente. Un consultor debe estar consciente de hacer su propia evaluación de cualquier situación, decir la verdad y recomendar con franqueza y objetividad las medidas que ha de adoptar la organización o el cliente sin pensar en sus propios intereses. Una de las razones por las que un cliente acude a un consultor es para que aporte conocimientos y técnicas especiales en la solución de un problema. De esta manera el cliente comprenderá los procedimientos y podrá definir una estrategia apropiada para un cambio.
Según Larry Greiner y Robert Metzger (1983), "la consultoría de empresas es un servicio de asesoramiento contratado por y proporcionado a organizaciones por personas especialmente capacitadas y calificadas que prestan asistencia, de manera objetiva e independiente, a la organización cliente para poner al descubierto los problemas de gestión, analizarlos, recomendar soluciones a esos problemas y coadyuvar, si se les solicita, en la aplicación de soluciones”.
Sabemos que una empresa cuenta con empleados y directivos, quienes son los expertos en saber qué es lo que está pasando realmente en su organización y como pueden resolverlo. Sin embargo, se necesita una intervención de un agente de cambio (consultor), quien aporta ideas claras para facilitar la toma de decisiones desde un punto de vista imparcial.
Un buen consultor debe saber que la solución no está en sus manos, el solamente propone posibles resultados. También, debe estar dispuesto a relacionarse con los demás y entender sus mundos como si fueran propios; claro está que no debe perder su objetividad. Un consultor competente debe estar consciente que en toda acción de desarrollo existe siempre el riesgo de que los resultados obtenidos no correspondan a sus expectativas. Es aquí donde el agente de cambio debe manejar la frustración y ambigüedad de una manera inteligente.
Concluyendo, el consultor puede adquirir y desarrollar estas características a través de un proceso de actualización constante de sus conocimientos, habilidades y actitudes, y a través de su experiencia en el trabajo. Todas estas cualidades y capacidades forman el perfil del consultor ideal, meta difícil de alcanzar, pero que sirven para que cada consultor, de acuerdo con su capacidad, estilo y circunstancias, identifique las que necesite desarrollar.
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